16.6.09

Con el fular rojo al cuello, agarra y vámonos.

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Sin cambio. Sólo evolución.
Yo, la misma, pero más lista y igual de torpe y tan precipitada como siempre. La cara de póker, la sonrisa en los labios, y un farol entre las manos.

Y aunque no gane la próxima partida, seguiré jugando, una y otra vez.

Que nunca tuve el corazón tan rojo.

6.6.09

Negación, sí.

Quiero huír. Quiero irme de tu lado y olvidarme de tus huesos y la forma de tu clavícula. De tus ojos y sus miradas lejanas, que a veces me observan [durante un solo segundo] y me dejan helada y me cierran los ojos sin pensar para pensarte. De tus manos y sus abrazos mudos, que a veces se acercan y me rozan y erizan lo que hay entre mis huesos y mi piel, provocando olas que ansían salir para ser naúfrago enredada en tu pelo.




Así que, explícame.
Por qué no logro huír de ti.
Por qué tu holograma se ríe aun a mi lado.
Por qué, por más que corro, acabo a tu vera.
Por qué, cada vez que huyo, lo hago hacia ti.
Por qué no me importa en realidad.

30.5.09

Pandora tiró su caja. Pesaba demasiado.

i.
He dicho todo y más. He gritado. He querido que se reventasen los cristales que se empañan y no me permiten ver que ocurre más allá, esos cristales que no son más que mis propios ojos.

ii.
Demasiado bagaje para tan poquita cosa. Mis brazos no tienen tanta fuerza, y me duele ya la espalda de cargar. Pero lo peor es que no sé a dónde voy, ni si me gustará.

iii.
No quiero pensar. No quiero pensar que estás ahí y que nunca me verás. Creía que habías salido de mi mente. Creía que estabas por fin fuera. Creía que te había dejado atrás. Me hiere que lo único que me quede sea ordenarte con lágrimas que te desvanezcas de mis ilusiones.

iv.
No soy tan fuerte. Y odio no serlo.

v.
Mis maletas se caen. Nadie me ayuda a recogerlas. Pierdo peso al caminar y temo que me lleve el vendaval.




Debo dejar de tratar de capturar tus ojos.
Me estropeas las polaroids con tus miradas lejanas.

26.5.09

a la deriva.

Sí, eso. Porque el océano es demasiado grande, digan lo que digan los navegantes.

Y no me des una brújula, que no sabré usarla.

9.5.09

Y si se cae el cielo, qué más da, si ya están enterrados nuestros huesos, que nuestros corazones ya están muertos.

Pero no.

Seguimos cogiendo estrellas y cazando luciérnagas, para alumbrarnos a dos-metros-bajo-tierra.
Mejor que no sepan que, en el fondo, seguimos vivos. Muy en el fondo. Y que pretendemos seguir viviendo.
Pero hay tanta tierra y tanto túnel y tantas nubes que aun nos quedan por remover, por recorrer, por despejar...
Pero aun nos quedan fuerzas en estos huesos rotos para andar, fuerzas en estos corazones marchitos para luchar.



Tal vez.

3.5.09

Mira los trocitos de los corazones malheridos y sin cura para seguir. Ya no les quedan tiritas, pero se envuelven con ropas coloridas para procurar salir. Les desgarra las telas el sol navajero, siempre listo para quemar, y siempre tan certero.

A cámara lenta, las explosiones son preciosas.




Se esconde mi corazón lejos.
Lejos de los ojos, lejos de las manos,
lejos de los corazones, de la falta de amores.
Para que no le puedan alcanzar.

24.4.09

Si tengo que explotar, será lejos de tus manos.
(No serás incendiario de la pólvora que llevo oculta entre los huesos y la piel.)

Una lluvia diferente va a caer sobre mis pies, se van a limpiar del barro al que los quisiste someter. Voy a caminar bajo nubes de alquitrán que tapan la luna para que no me puedan quemar todas tus caricias sin dar.

Y ya está.
Me he atado el pelo y mi vestido desgarrado lo ondea el viento mientras me alejo de tus ausencias y de tus manos y de tus putos ojos. Llevo los pies descalzos, y si duele morderé el aire y gritaré silencios, pero no me sigas, que no me alcanzarás.

21.4.09

Están mis labios ya quemados de lanzarle besos al viento, que los quiere más que nadie (que no los quiere nadie más) y por eso me los arranca. Me chirrían los dientes de morder el aire cuando intento aguantar el sonido de las implosiones que quiebran mis huesos y llenan de astillas cada rincón en el que se esconden los pedacitos de mi alma.

Maldita sea la luz de la luna, que no hace más que abrasar mis quemaduras.

Igual se piensa que mi piel es de acero, que, aunque mi sonrisa esté hecha de remaches de desvelo, puedo con su fuego. Pero tengo los ojos llenos de cascotes hechos de lágrimas de hormigón y me sangran las manos de intentar romperlos, y aun no les he hecho ni arañazos.



Es una nube distina, una lluvia diferente
Y me quema los labios el relente de esta luna de abril.

15.4.09

Me voy a quedar a ver cómo todo se hace cenizas. La pila más grande de escombros que hayas visto jamás. Y luego voy a soplar con cuidado, y que vuele y se pierda y muera como la primavera.

Juegos pirotécnicos, cronometrados, se sincronizan con la cuenta atrás de mi propia implosión. Fogonazos luminosos, que ciegan y arrancan el blanco de los ojos. Será por eso que nadie más los ve. Pero yo sí, y me voy a acomodar en el asfalto mientras se me desgarra la piel y se resquebraja cada esquinita de mis huesos, mientras la luna me quema las manos y los labios, que mudos pedían ratos, que nada recibieron a cambio de tantos besos sin dar. Que la muy puta quería la noche para ella sola, y no me da la gana. Ciérrale de un portazo y que la acompañen sus noches en vela y sus solitarias miradas de pena.

Que yo me quiero quedar a ver cómo se acaba el mundo (mi mundo). Ciérrame la puerta. Que la noche sea sorda para que gritando pueda esperar a que amanezca.



Que me dejen las nubes ocultar las penas,
que ya vale de silencios y de noches en vela...

13.4.09

quién se habrá creído el vendaval

Qué pasa cuando todo no es suficiente?

Igual piensan que puedo sudar gotas de rocío...

Pero es que no tengo nada más. Los pies hundidos en alquitrán. La mirada perdida en la niebla del mar. Las manos atadas para que no pueda volar.
Ya sé que es inútil seguir pegando mis plumas con cera, pero por probar... quién sabe. La cosa está en intentarlo. Y si me caigo... espero que alguien esté abajo, que el duro asfalto quema como los rayos del sol.

Igual un día puedo bañarme las quemaduras en unos ojos que me miren con antojo.

Y que se muera de envidia mi bañera, claro está.
Que un día unas manos se enredarán en mi pelo, como lo hacen los sentimientos, y me acercarán a ese lugar que no conozco. Un día los pétalos podridos se quedarán atrás, que prefiero mirarlos desde lejos. Un día alguien tomará las flores de mis manos.



Y ese día, cuando yo quiera, sabré querer
porque tengo aún tanto que dar
(aunque no haya nadie para tomarlo).
Pero y qué si el vendaval piensa que me puede derribar,
qué sabrá el viento de la fuerza de mi tempestad.